21 de marzo de 2008

La pantalla sin explicación

El Clarín
Por: María Iribarren
Fuente: ESPECIAL PARA CLARIN

Personas que hablan con espíritus o migran a través del tiempo, experimentos genéticos, alienígenas y otras paranoias forman parte de la variada oferta, que ya llega a 21 ciclos. Cómo se formula hoy el misterio y por qué sigue teniendo éxito. Además, una guía para no perderse en la dimensión desconocida.

Cuando era niño, mi padre me dijo que los monstruos no existían. Que mis pesadillas eran sólo producto de mi imaginación". Harry Dresden (Paul Blackthorne) narra y protagoniza calamidades hereditarias en The Dresden Files, la serie producida por Nicolas Cage y basada en la saga novelística de Jim Butcher. La historia de Harry (¡con ese nombre no podía menos que ser brujo!) se parece a la de tantos fenómenos que, señalados por la fatalidad o la providencia, reivindican para sí poderes sobrenaturales, aunque no siempre la voluntad de mejorar con ellos la vida humana. Por estos días hay en la televisión paga nada menos que 21 series dedicadas a estos asuntos. ¿Por qué?

Históricamente, los "incidentes
paranormales" tuvieron crédito preaprobado en la TV. Entre otras cosas, porque esos acertijos reditúan altos niveles de audiencia. Claro que la TV entiende por "paranormal" una dilatada variedad de eventos y géneros que asumen su formulación. El policial, la ciencia ficción, el cyberpunk, el drama metafísico o el suspenso en crudo son los formatos clásicos mediante los que se actualizan enigmas cosmológicos, físicos, psíquicos, extrasensoriales, extraterrestres o, simplemente, imaginarios.

Sin embargo, los casi cincuenta años transcurridos desde el estreno de La dimensión desconocida hasta hoy cobran relevancia en dos aspectos cruciales. Por un lado, los contextos científico e histórico variaron
de manera sustancial. En consecuencia, "lo inexplicable" puede ser leído a la luz de esas transformaciones y del impacto suscitado en la credulidad o incredulidad del público. Por otro lado, en la última década, la realización televisiva se apropió de procedimientos y recursos de índole cinematográfica (incluso de autores y directores), que aportaron complejidad a los nuevos productos y renovaron las estrategias de resolución dramática.

"Nadie es lo que dice ser"

Con demasiada frecuencia, el miedo (la atracción o el rechazo) al "diferente" se asocia a "lo monstruoso". Así lo revela el lenguaje indeterminado ("los Otros", "Ellos") mediante el cual se alude a los antagonistas en Lost y en Héroes. A pesar de eso, ambas series enturbian la distancia entre unos y otros, al tonificar la sospecha entre "pares" y en el interior de cada bando, hasta darle rango de paranoia.

¿Cómo se traslada ese estado de ánimo al espectador? En principio, alterando la cronología del relato, que es lo mismo que impugna
rlo como principio de orden. En Lost, los sucesos son interrumpidos por flashbacks y flashfowards, es decir, saltos hacia el pasado o hacia el futuro que, implantados en el presente de la historia sirven para informar las causas y los efectos que tuvieron o tendrán en la vida de un personaje. En cambio, en Héroes la falta de correlato temporal es análoga a la capacidad de los protagonistas de transmigrar, acelerar la curación o teletransportarse a través del tiempo y las mentes ajenas. Por eso, a ninguno de ellos le importa demasiado la genética del "diferente" sino la especie a la que pertenece: "¿Eres un robot o un alienígena? O eres una cosa o la otra".

"Un encuentro paranormal como Dios manda"

Otro de los tópicos atravesados por la alegoría de "lo insondable" es el de los límites del saber científico o el grado de felicidad o desdicha que ese dominio provee. En este aspecto, resulta emblemática la frase atribuida a Albert Einstein que abre cada capítulo de Eureka: "Poco conocimiento es algo peligroso. Mucho, también". Es un hecho que los misterios incentivan a esta comunidad, catequizada en la relatividad cósmica y dispuesta a concili
ar la física cuántica con la mística new age. En correlato con esa circunstancia argumental, la cámara entra y sale de los interiores sostenida por grúas, causando la impresión de pivotar por cuenta propia. Desde esa posición improbable en términos de realidad, abundan los planos cenitales (que emulan la mirada ¿de Dios?) y el trabajo con el fuera de campo que aporta otra rítmica a la progresión dramática.

No por nada, cuando Jack Carter (Colin Ferguson) participa, involuntariamente, de las "extravagancias" de los eurekianos, piensa: "Estaba llevando a mi hija delincuente a Los Angeles y, de repente, estoy en el medio de la dimensión desconocida".


"La verdad está ahí afuera"

Que la protagonista de Ghost Whisperer y el de Pushing Daisies tengan trato con espíritus no debería sorprender a nadie. En cambio, en esa "novedad" hay detalles que, quizás, admitan una lectura transversal. En la primera de esas series, las almas en pena requieren un "tiempo extra" para concluir alguna asignatura irresuelta en el mundo real. En la segunda,
se trata de víctimas de asesinatos que "resucitan" para delatar a sus homicidas y que sean juzgados. Ambas peripecias vienen a reparar la caprichosa fatalidad de una muerte imprecisa pero anunciada.

Dos datos a tomar en cuenta: uno de los productores ejecutivos de Ghost Whisperer es James Van Praagh celebridad en mediaciones psíquicas y autor de best-sellers sobre parapsicología. En cuanto a Pushing Daisies, su creador es Bryan Fuller que antes que eso fue productor ejecutivo de Héroes.

"No hay nada ahí"

Si la topografía científica dio un brinco de los '60 al presente, lo mismo puede decirse de la búsqueda, individual o colectiva, de nuevos objetos de devoción mística. En este contexto, convertir "lo real" en una pregunta sin respuesta ha sido el mejor negocio de la TV y la garantía de su superioridad comunicacional.

Rodman Serling fue uno de los primeros en ponerlo en palabras: "Hay una quinta dimensión desconocida para el hombre, tan vasta como el espacio, sin tiempo como el infinito. Es una zona intermedia entre la luz y la sombra, entre la ciencia y la superstición y en ella conviven el miedo del hombre y el alcance de su sabiduría. Podría llamársele la dimensión de la imaginación, una dimensión desconocida en donde nacen sucesos y cosas extraordinarias. Todo es posible en el reino de la mente, todo es posible en la dimensión desconocida".

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