30 de junio de 2008

Archivos extraterrestres. Un encuentro cercano.

Milenio
Por: Fabián Pulido

Obscura la noche sin luz alguna que la del autobús sobre el asfalto. Mi destino era la Ciudad México y sin mayor interés en la película que el ADO presentaba decidí mirar al infinito oscuro del campo abierto.

De repente, llamó mi atención una luz blanca justo arriba de un cerro. Parecía una estrella pero la proporción no era la adecuada. Para ser una estrella estaba demasiado baja, tanto que parecía tocar la silueta de la loma. Tampoco podía ser el foco de alguna torre pues su tamaño rebasaba las proporciones de un señalamiento así.

Sin mayor empeño decidí hacer caso omiso hasta el momento en que, veinticinco minutos después, reparé en la luz, en aquella luz que seguía allí, sobre los cerros. No podía ser la misma que kilómetros atrás habíamos dejado; ahora se postraba sobre otra colina y la lógica de que ésta fuera una estrella o el reflector de alguna antena era poco coherente.

Mis ojos se separaron jamás del cristal del autobús. Allí estaba yo. Observante. Cauteloso. Preguntándome qué tipo de iluminación podía ser. Los minutos pasaron y aquella luz parecía seguirnos hasta que, en un momento de distracción al regresar mi mirada, me di cuenta que había desaparecido. “Bueno, por lo menos se acabó el ocio y podré dormir” pensé. Sin embargo, todas las preguntas posibles que me había hecho durante el camino secuestraron mi pensamiento una vez más cuando, al otro lado de la carretera y a través del ventanal que se encontraba cruzando el pasillo del autobús, vi aquella luz que parecía coquetearle al camión como si tratara de decirle algo.

Brinqué al asiento contiguo. El autobús estaba casi vacío. Y entonces el murmullo comenzó por todo el pasillo. No era el único que se había dado cuenta de aquella luz. Mi ansiedad creció todavía más cuando el punto blanco recorrió aquel costado del autobús hasta postrarse al frente del mismo.

Me importó poco lo que pudieran pensar. Corrí hasta el chofer y comencé a cuestionarle sobre la luz que repentinamente había aparecido sobre el horizonte. Hizo caso omiso a mis preguntas, tal vez porque había pasado desapercibido aquel fenómeno que yo fácilmente podía identificar. Estaba allí, podía distinguir perfectamente bien aquel fulgor del resto de las estrellas.

Mi frenética conversación, de la que ya eran partícipes otros usuarios, molestó al chofer hasta que, una vez que pudo identificar la luz, fue testigo, como yo y otros cinco pasajeros más, de cómo aquella energía palpitante comenzaba a aumentar y a reducir su diámetro como si se tratara de algún mensaje en clave. Entonces le interesó la charla. El parpadeo se repitió por cinco ocasiones hasta que a una velocidad inverosímil se alejó perdiéndose en la oscuridad del horizonte.

Creo que sí. Así es. A partir de ese momento estaba seguro de haber presenciado el “fenómeno OVNI”.

Parece un relato cualquiera pero no lo es para mi. En verdad, no es sólo el intro de esta semana. Fui testigo de un fenómeno que me asombró y que provocó la sorpresa de seis personas más que viajaban conmigo aquella noche hace cinco años.

A pesar de mi entusiasmo al contar esta historia a familiares y amigos (a propios y extraños) nunca logré interesar con el relato. Tal vez porque muchos dan por hecho que esas “cosas” no existen. Pero les aseguro, no podía ser una estrella. No podía ser un avión. Toda la actividad y características de aquel fulgor rompían con patrones conocidos: tamaño, destello, movimiento, velocidad. El punto más sorprendente fue cuando el diámetro de aquella luz crecía y reducía su tamaño como si se tratara del movimiento de una medusa de mar. Su partida fue aún más increíble.

Hace mucho que no pensaba en aquella experiencia, experiencia de la que muchos de nosotros, creo, pedimos vivir. No fue sino hasta el miércoles pasado que, viendo la programación del History Channel, me tope con dos excelentes programas: “Cazadores de OVNIS” y “Archivos Extraterrestres”. En el primero un grupo de entusiastas investigadores se empeñan, a toda costa, en recopilar evidencia relacionada con el fenómeno OVNI (hablamos de evidencia seria, no las chafeces de Maussan) y el segundo muestra una serie de testimonios de personas que se toparon con naves y artefactos imposibles para la época.

Hay seriedad en el contenido de ambos programas. La recreación de los sucesos, las fotografías, los testigos y la validez de investigadores especializados le dan credibilidad a lo inverosímil.

Ambos programas captaron mi atención. En "Archivos Extraterrestres" miembros del portaaviones “Roosevelt” compartieron su encuentro con una enorme nave que, después de haber rodeado el buque, se sumergió hasta perderse en el fondo del mar.

Yo me pregunto, si las sociedades del primer mundo (y de países subdesarrollados) han establecido instituciones a favor del acceso a la información gubernamental ¿Por qué no se ha hecho lo mismo para un fenómeno del que muchos de nosotros hemos sido testigos y del que poco o nada se ha compartido? ¿No estamos listos para ello? ¿Habría caos? La verdad lo dudo. La conciencia de saber que no estamos solos puede cambiar el valor que le damos a nuestra presencia en la tierra y desechar, tal vez, patrones que están destruyendo nuestro entorno y a nuestros semejantes.

No sé si ustedes han tenido una experiencia OVNI o quizá me estén tachando ya de paranoico o esquizofrénico ¿Soy sólo yo?

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