17 de noviembre de 2009

«La existencia de extraterrestres es una idea cuyo tiempo ha llegado»

Por: Israel Viana
MADRID

«Tenemos ahora, por vez primera, los instrumentos necesarios para establecer contactos con civilizaciones en los planetas de otras estrellas», escribía en ABC, en junio de 1975, Carl Sagan, popular astrónomo y divulgador científico de Estados Unidos. Este pionero en el estudio del origen, presencia e influencia de la vida en el Universo, más allá de la Tierra, y promotor del proyecto SETI (literalmente «Búsqueda de inteligencia extraterrestre»), lo hacía en un amplio reportaje, titulado «La vida extraterrestre, a examen», en el que analizaba la posibilidad y necesidad de buscar vida en otros planetas.

Tan sólo unos meses antes, el 16 de noviembre de 1974, hace justo 35 años, el recién remodelado y gigantesco radiotelescopio de Arecibo enviaba el primer mensaje dirigido a otros mundos. Aquella «llamada» al espacio exterior, diseñada por Sagan y el astrónomo Frank Drake, entre otros expertos, conteníainformación sobre la situación del Sistema Solar, del planeta Tierra y del ser humano.

La idea estaba clara para Sagan: «Si el origen de la vida en la Tierra resulta haber sido extraordinariamente fácil, las probabilidades de que existe vida en otros lugares serán también grandes», aseguraba el científico inglés.

«El mensaje de Arecibo», así pasó a la historia, tenía una longitud de 1679 bits y fue enviado en la dirección del cúmulo de estrellas de «Hércules», descubierto por el astrónomo inglés Edmond Halley en 1714.

El número 1679 fue elegido porque es el producto de dos números primos, por lo que sólo se podía descomponer en 23 filas y 73 columnas o 23 columnas y 73 filas. De esta forma, si en un futuro el receptor extraterrestre organiza la información de la primera manera no generará ningún tipo de información coherente, pero si lo hace de la segunda manera, obtendrá la información sobre nuestro planeta y la especie humana.

Leído de la manera correcta presenta los números del uno al diez, los números atómicos del hidrógeno, carbono, fósforo, nitrógeno y oxígeno, todos ellos como ponentes del ADN del homo sapiens, que era la especie que enviaba el mensaje. También incluía las fórmulas de los azúcares y el número de nucleótidos en el ADN, así como su estructura helicoidal doble, una figura del ser humano y su altura, la población de la Tierra, el Sistema Solar y, como no, una imagen del radiotelescopio de Arecibo con su gigantesco diámetro, el gran protagonista.

«Es un hecho sorprendente que el gran radiotelescopio, de 300 metros de diámetro del Centro Nacional de Astronomía y lonosfera, que la Universidad Cornell tiene en Arecibo, podría comunicarse con una réplica idéntica del mismo, en cualquier lugar de la Vía Láctea», escribía Sagan en la edición del 29 de junio de 1975, donde explicaba, al respecto, que se contaba ya con los medios para comunicarse, «no simplemente a distancias de centenares o miles de años luz, sino de docenas de miles de años luz, en un espacio que contiene centenares de miles de millones de estrellas».

Aunque el «mensaje de Arecibo» fue el primero que abordó el intento de comunicarse con otros planetas, ya desde 1959 los científicos ingleses advirtieron la necesidad de «ponerse a la escucha de posibles mensajes extraterrestres», a los que siguieron una decena de observatorios de Estados Unidos, URSS, Canadá y Gran Bretaña.

En 1965, los soviéticos anunciaban la recepción de emisiones radioeléctricas que, dijeron, procedían de una estrella situada a millares de años luz de la Tierra. Aunque la noticia se cogió con escepticismo en Occidente, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo de la Naciones Unidas encargado de regular las telecomunicaciones a nivel internacional, afirmó que no se podía descartar totalmente la posibilidad de que las señales hubieran sido realmente «enviadas por una raza superiormente evolucionada y a la que somos incapaces de comprender».

Sin embargo, el histórico «mensaje de Arecibo» de Sagan, Drake y los demás científicos se estima que tardará 25 milenios en llegar a su, a los que habría que sumar otros 25 de vuelta. Eso significa que la respuesta sólo llegaría, en caso de haberla, hacia el año 51.974, en fin.

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