1 de marzo de 2010

'Expediente X' y el misterio que se volvió comedia

Por: Marina Such

La influencia de ‘Expediente X’ en las series actuales no se nota sólo en la unión de casos autoconclusivos con una trama mitológica, por ejemplo, o en el modo en el que presentaban las historias de miedo, sino en un aspecto que tardó en aparecer en la serie y luego se convirtió en una de sus notas más definitorias: su sentido del humor. Los fans de ‘Sobrenatural’ están acostumbrados a ver de vez en cuando capítulos cómicos con metacomentarios sobre el fandom, o que hacen homenajes a viejas películas de terror. Con varios guionistas procedentes de ‘Expediente X’, no es raro que ese aspecto de la serie se notara también en ‘Sobrenatural’. Entre los hermanos Winchester, ‘Bones’, que hace unas semanas tuvo un episodio que homenajeaba las investigaciones de Mulder y Scully (y que se llamaba ‘The X in the File’, muy apropiadamente) y ‘Fringe’, que cada vez abraza más la herencia de los dos agentes del FBI, ‘Expediente X’ sigue teniendo una sombra muy larga.

Los episodios humorísticos, como decimos, tardaron bastante en hacer aparición. Aunque los sarcasmos de Mulder formaron parte del show desde el principio, los casos eran más serios y más inquietantes y, hasta que Chris Carter y el resto de guionistas no se sintieron un poco más seguros sobre el futuro de la serie, no se atrevieron a probar cosas nuevas. Entre esas cosas figuraba ‘Humbug’, el episodio 20º de la segunda temporada, un capítulo “parido” por una de las mentes más peculiares del programa, Darin Morgan, centrado en un circo de freaks de Florida y en unas extrañas muertes que se producen en él. Casi todo el humor viene de malentendidos entre los dos agentes y los trabajadores del circo y del pueblo (la exhumación de la patata, por ejemplo, es un gran momento del capítulo), y David Duchovny y Gillian Anderson demostraron tener un buen timing cómico que se explotaría a conciencia en capítulos posteriores.

Inicialmente, ‘Humbug’ desconcertó un poco a los fans por su tono sutilmente cómico, pero los responsables de la serie vieron que funcionó tan bien, que se animaron a adentrarse por el camino de la autoparodia y el humor más a menudo. Sólo en la tercera temporada se lanzaron a por cosas con un nivel de cachondeo a veces un poco excesivo, como el divertido ‘La guerra de los coprófagos’ (y una extraña plaga de cucarachas) y ‘Syzygy’, con un retrato quizás demasiado hiriente de la relación entre Mulder y Scully. Sin embargo, casi al final de la temporada llegaría la parodia más acertada que se ha hecho nunca sobre la serie (incluso desde otros títulos), ‘José Chung’s From outer space’, en el que de nuevo Darin Morgan se ríe, pero con cariño, de la mitología de la serie, de las abducciones, las conspiraciones del gobierno y los estereotipos de los personajes de los dos agentes del FBI.

A partir de la cuarta temporada, muchas tramas se volvieron más oscuras y tocaban a Mulder y Scully de forma todavía más personal. No obstante, tuvieron tiempo de aligerar un poco las historias sobre los clones alienígenas y el cáncer de Scully con ‘Small potatoes’, un capítulo sobre un hombre (interpretado precisamente por Darin Morgan) con la habilidad de transformarse en la persona que quiera, y que utiliza su don para seducir a mujeres que, por lo que sea, no consiguen estar con los hombres que quieren. En medio de su genial sentido del humor nos cuelan uno de los retratos más certeros de la relación entre Mulder y Scully hasta que llegó ‘Milagro’, en la sexta temporada (y en la que ya quedó suficientemente claro que aquí había mucho más que una relación profesional), y ‘Bad blood’, en la quinta.

Los vampiros que sólo quieren que los dejen en paz presentaban la posibilidad de que viéramos unas divertidas versiones pasadas de rosca de Fox y Dana, y la cima de todas estas autoparodias (que mostraban la sana costumbre de la serie de no tomarse a sí misma demasiado en serio, ejemplificada también el divertidísimo ‘Dreamland’) llegaría en la séptima temporada con ‘Hollywood A.D.’, un metacomentario, responsabilidad del propio Duchovny, sobre la experiencia cinematográfica de la serie y sobre algunas de las tonterías que pueden hacerse en Hollywood, con un simpático homenaje a las conversaciones telefónicas de ‘Confidencias a medianoche’, y a un montón de clásicos de la ciencia ficción (algo habitual en la historia de la serie).

‘Expediente X’ era, muchas veces, bastante divertida. Entre los intercambios entre Mulder y Scully y algunos de los monstruos, había un sano tono irónico que les permitía, en ocasiones, salir airosos de algunas tramas potencialmente vergonzantes que, tomadas en serio, habrían sido insufribles. Pero aderezadas con unas cuantas bromas aquí y allá, adquirían un cariz completamente diferente, y con una influencia que aún se nota en la televisión estadounidense actual.

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