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21 de noviembre de 2007

Muere el último descendiente de Drácula

EFE / Excelsior

Ottomar Rodolphe Vlad Drácula Príncipe de Kretzulesco fallece en Alemania a los 67 años, sumido en la pobreza

Ottomar Rodolphe Vlad Drácula Príncipe de Kretzulesco, considerado "descendiente" del más conocido vampiro del mundo, murió en Alemania a los 67 años de edad víctima de un tumor cerebral, sumido en la pobreza tras perder el palacio en el que residía a las afueras de Berlín.

Panadero de profesión y posteriormente propietario de una tienda de antigüedades, Ottomar Berbig, como rezaba su nombre original, se convirtió en 1990 en familiar del legendario Conde Drácula al ser adoptado por la princesa rumana Ekaterina Olympia Kretzulesco.

La anciana, centenaria entonces y sin descendencia directa, temía fallecer sin dar continuidad a una línea familiar directa de Vlad Tepes, conocido también como Vlad el Empalador, el noble rumano y pesadilla de los invasores turcos que murió en 1447 y cuya figura inspiró el personaje de Bram Stoker.

La prensa alemana revela hoy que el Drácula de Brandeburgo falleció en la madrugada del pasado domingo en un modesto piso de la localidad de Königs Wusterhausen, al sureste de Berlín, en los brazos de su joven esposa, con la que tuvo un hijo varón el pasado año que podrá continuar la estirpe familiar.

Hasta hace poco, Ottomar Rodolphe Vlad Drácula Príncipe Kretzulesco residió en el palacio de Schenkendorf, una mansión de 50 mil metros cuadrados y 46 habitaciones, que convirtió en el centro de sus excéntricas actividades sociales.

Entre ellas destacaban sus benéficas "fiestas de chupadores de sangre", con las que fomentaba los donativos de líquido vital para las clínicas y hospitales de la región.

A la fama saltó en todo el país en 2002 cuando, para protestar contra la reforma comunal de Brandeburgo y la amenaza de expropiación de su palacio, declaró la independencia simbólica del Principado de Drácula en los terrenos de su propiedad inmobiliaria.

Mientras el Príncipe de Kretzulesco dijo estar dispuesto a luchar "hasta verter la última gota mi sangre", su rival político de entonces y ministro del Interior de Brandeburgo, Jörg Schlöndorf, declaró ofrecerle su arteria, "aunque creo que se dejará los dientes si trata de morderla", advirtió.

Un año después se presentó como candidato del Partido Liberal (FDP) para las elecciones municipales y comunales y consiguió un mandato en la circunscripción de Dahme-Spreewald.

En esa función "fue siempre muy irónico en todas las discusiones. Con ello demostró que la política no debe ser tomada siempre absolutamente en serio", recuerda el también político liberal Raimund Tomczak en declaraciones que recoge hoy el rotativo "Der Tagesspiegel".

Tomczak subraya que la enfermedad le robó sus últimas fuerzas, a la vez que se le acabaron los fondos para mantener el palacio de Schenkendorf, que será subastado próximamente.

El correligionario del "vampiro alemán" espera que parte del dinero de la subasta sirva para garantizar la educación de su hijo, bautizado como su padre con el nombre de Ottomar Rodolphe Vlad Drácula Príncipe de Kretzulesco y al que su madre y familia llaman simplemente Otti.

20 de agosto de 2006

El castillo de Drácula, la cuna del mito

Por: Ennio Mena

La residencia, que inspiró el tétrico relato de la vida ficticia del conde-vampiro, otra vez está en manos de la nobleza rumana

El castillo Bran -una de las residencias del mítico vampiro Drácula y el segundo edificio más visitado por los turistas en Rumania- dejó de pertenecer al Estado, el 30 de mayo pasado para convertirse, una vez más, en propiedad de los descendientes de la antigua realeza rumana.

Los nuevos dueños son el ingeniero Dominic de Habsburgo Lotringen y sus hermanas -María Magdalena Holzhausen y Elisabeth Sandhofer-, hijos de la princesa Ileana, la última propietaria del edificio.

En las actas de restitución se incluyó la cláusula aceptada por los propietarios de mantener abierto el edificio y su entorno al público, al menos durante los tres próximos años, como museo de arte feudal y como uno de los escenarios medulares en los que el príncipe del horror, el conde Drácula -personaje que da título a la novela del irlandés Bram Stoker-, comete sus crímenes.

Un edificio de casi ocho siglos

Mandado construir en 1212 por Dietrich -caballero de origen germánico de la orden Teutónica-, el castillo fue erigido cerca de Brasov, centro de Rumania, como fortaleza de defensa en la ruta comercial que comunica Valaquia con Transilvania.

Fue reconstruido en 1377. En vez de la modesta obra original de madera, se levantó un majestuoso edificio gótico, en piedra y ladrillo.

Sobre una base rocosa y cubierta de pináculos y torretas de tejas rojas, la construcción se proyecta sobre una gran llanura. Desde las almenas, la vista es impresionante.

En 1920, la municipalidad de Brasov donó el inmueble a la reina María de Sajonia Coburgo Gotha, en reconocimiento al papel de ésta en la unificación de Transilvania con Rumania. Pronto, la residencia se convirtió en la favorita de la soberana, quien le dio un toque bastante acogedor.

A su alrededor, hay villas y chalets que quitan a la construcción su aspecto tétrico y hacen que parezca, más bien, un palacio de cuentos de hadas. En invierno, su mole se eleva majestuosa sobre estepas interminables de nieve.

El verdadero conde-vampiro


Vlad Draculea fue para muchos en Rumania un héroe y defensor de su país, mientras que para otros fue una persona que torturaba a sus enemigos por puro placer

La reina María dejó el castillo Bran en herencia a su hija Ileana, quien residió allí con su familia hasta 1948, año en que el edificio fue expropiado por el régimen comunista.

Sometido al saqueo y a la devastación, fue abierto como museo en 1956, hace 50 años, y sometido a remodelaciones sucesivas entre 1987 y 1993.

Los dos Dráculas

Al hablar de Drácula en Rumania, es preciso distinguir entre el "personaje histórico" y el "literario". El primero es un respetado héroe nacional rumano.

El segundo es un personaje de ficción, fruto de la gran imaginación de un escritor irlandés. El histórico fue uno de los tres hijos del príncipe Vlad, El Dragón o El Diablo, uno de los fundadores del reino de Rumania. Según la tradición, el muchacho fue llamado Vlad Draculea (el hijo del Dragón o del Diablo). Después, el pueblo le añadió el calificativo de Tepes, es decir, El Empalador, por ser esta pena capital a la que condenaba a sus enemigos y a los criminales. Para algunos historiadores, Drácula fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país y del cristianismo, mientras que, para otros, fue un caso patológico, el de una persona que torturaba, atormentaba y, por supuesto, mataba para divertirse, por puro placer. En Rumania, corren muchas anécdotas que hablan del buen gobierno de este implacable príncipe. He aquí una de ellas: cualquier ladrón que fuese capturado en territorio de Vlad Tepes era empalado, sin el menor miramiento. Así, consiguió que no hubiera ningún robo en la población. Para demostrar que en sus dominios imperaba la seguridad pública, el gobernante mandó colocar en la fuente pública una copa de oro, que todos podían utilizar para beber, pero ninguno debía llevársela so pena de sufrir el terrible castigo. La copa nunca fue robada, al menos en vida de El Empalador.

El vampiro

El irlandés Bram (Abraham) Stoker (1847-1912) tuvo una infancia enfermiza que lo convirtió en un ávido lector, en especial sobre el tema en boga por aquel entonces: el vampirismo. Recogió todas las leyendas que pudo y, muchos años después, en 1897, publicó la historia de un vampiro aristocrático, inspirado tanto en la centenaria leyenda de Vlad Draculea como en la del Castillo Bran, (que de noche era un sitio muy tenebroso). La novela Drácula enlaza fragmentos de diarios, telegramas, cartas, recortes periodísticos entre los distintos personajes. Jonathan Harker -ayudante del abogado de Drácula y novio de Mina, el oscuro amor secreto del malévolo aristócrata- es hecho prisionero en el castillo Bran, una de las propiedades del siniestro conde-vampiro. En su diario, el joven relata cómo una bestia -mitad humana, mitad animal- trepa por sus muros. Al fin, el empleado logra huir. Sin embargo, quienes verifican la altura de las murallas del castillo, se preguntan cómo se las ingenió para escapar, sin matarse.

Drácula es, sin duda, la obra maestra de Stoker. Si bien él no fue el inventor de los relatos de vampiros, sí los popularizó y convirtió al sombrío conde en el vampiro humano por antonomasia. Esta imagen no sólo se limitó al libro, sino al sinfín de películas y piezas teatrales que ha inspirado en todo el mundo.

Un último dato

En Rumania, sobre todo en la región de Transilvania, el personaje más odiado es precisamente el irlandés Bram Stoker, por haber convertido a un héroe nacional en un chupasangre. Sin embargo, nadie ha podido torcerle el cuello a la gallina de los huevos de oro que el mito del conde vampiro ha significado para el turismo y la economía rumanos.

7 de febrero de 2006

El Gobierno rumano y el castillo de Drácula

EFE – BUCAREST

El Gobierno de Bucarest ha decidido devolver a la antigua familia real de Rumania dos edificios históricos, uno de ellos el Castillo de Bran, considerado por la tradición histórica como residencia del legendario conde Drácula. El ministro rumano de Cultura, Adrian Iorgulescu, informó de que dentro de un mes se firmarán los documentos por los cuales el Palacio Peles de Sinaia será devuelto al ex soberano de Rumania Miguel I, y el Castillo de Bran a los descendientes de la princesa Ileana de Rumania, casada con el archiduque Antón de Habsburg. El Castillo de Bran, situado cerca de Brasov y en el centro de Rumania, fue construido por los caballeros de la Orden Teutónica a principios del siglo XIII y sirvió durante la Edad Media para defender el camino comercial que comunicaba Valaquia con Transilvania. El príncipe de Valaquia, Vlad el Empalador, modelo histórico del vampiro Drácula, utilizó con fines militares varias veces durante su reinado esta fortaleza. Actualmente museo de arte medieval, el castillo de Bran atrae a numerosos turistas por la leyenda de Drácula, por los misterios que rodean el laberinto de pasillos subterráneos, y la gruta en la que fue colocado en secreto el corazón de la reina María en un recipiente de plata dorada ornado con 307 gemas.