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25 de junio de 2007

El verano de los platillos volantes

LUIS ALFONSO GÁMEZ / BILBAO
El Correo Digital

Los extraterrestres aparecieron en los cielos en junio de 1947 y en poco más de un mes se establecieron en Estados Unidos los pilares del mito de los ovnis

Todo se debió a un error periodístico. Lo cometió Bill Bequette, redactor del periódico 'The East Oregonian', hace sesenta años. El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold (1915-1984), un vendedor de equipos de extinción de incendios de Boise (Idaho), le contó que, cuando horas antes viajaba en su avioneta sobre las montañas Cascade, había visto un grupo de nueve extraños objetos que «volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua», cerca del monte Rainier. El periodista escribió una información en la que explicaba que los objetos tenían «forma de platillo». La noticia -incluida la confusión entre la forma del vuelo y la de los objetos- fue rebotada por las agencias United Press y Associated Press, y los cielos se llenaron de platillos volantes.

Hace 60 años. Kenneth Arnold posa junto a su avioneta poco después
de haber visto nueve ovnis cerca del monte Rainier.

Los objetos tenían, en realidad, forma de bumerán y Arnold creyó al principio que eran una clase desconocida de avión a propulsión a chorro. «Estoy convencido de que se trataba de algún tipo de avión, aunque en muchos aspectos no se ajustaban a los tipos convencionales que conocía», escribió días después en su informe a las Fuerzas Aéreas. Por eso, su primera intención había sido informar de la observación al FBI, pero, al encontrar la oficina de Pendleton cerrada, acabó en la redacción del diario local. Las sospechas y cautelas iniciales de Arnold pronto cedieron ante el entusiasmo de un joven editor ávido de misterios.

Raymond A. Palmer (1910-1977) dirigía desde junio de 1946 la revista de ciencia ficción 'Amazing Stories'. «Tan pronto como se hizo cargo de la dirección dedicó una enorme cantidad de energía a cambiar el rumbo de la revista. Hizo bajar la calidad de las historias y aumentar la circulación», recuerda Isaac Asimov en su libro 'Sobre la ciencia ficción' (1981). En junio de 1947, Palmer dedicó la portada de 'Amazing' a una delirante historia según la cual el subsuelo terrestre estaba habitado por robots abandonados por extraterrestres hace milenios. Cuando aparecieron los platillos volantes, contactó con Arnold inmediatamente porque vio en su historia el material ideal para el lanzamiento de 'Fate', una revista dedicada a lo paranormal que quería sacar al mercado.

El caso de Roswell

El error periodístico de Bequette tuvo tal impacto que las visiones de objetos discoidales se multiplicaron. Dos semanas después, el 8 de julio, el diario de un pueblo perdido de Nuevo México anunció en su primera página que el Ejército había capturado un platillo volante en un rancho cercano. La información de 'The Roswell Daily Record' se basaba en una nota del Ejército que decía que los restos del ingenio habían sido llevados al Aeródromo Militar de Roswell. La base era entonces el hogar del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuerza Aérea, el primer escuadrón atómico del mundo, el que destruyó Hiroshima y Nagasaki.

Los militares dieron marcha atrás aquel mismo día. Lo recuperado, indicaron, eran piezas de un globo meteorológico. La explicación casaba con los trozos de madera de barco y papel de aluminio encontrados por el ranchero Marc Brazel que el Ejército presentó en una rueda de prensa. El hoy famoso caso Roswell quedó así desactivado hasta que en 1980 lo resucitó Charles Berlitz, promotor del falso enigma del triángulo de las Bermudas, en 'El incidente', libro que escribió con William L. Moore.

El suceso, en el que ningún ufólogo creyó en su tiempo, se convirtió en los años 80 en una mina de oro para los vendedores de misterios y Roswell, en centro de peregrinación de los creyentes en los ovnis. El Tribunal General de Cuentas de Estados Unidos reveló en 1994 que los restos del platillo de Roswell eran parte de un globo del proyecto Mogul, un programa secreto para la «detección de la onda expansiva generada por explosiones nucleares soviéticas», pero muchos ufólogos prefirieron ignorar la explicación. Gracias a eso, Ray Santilli, un avispado productor televisivo, ganó en 1995 una fortuna con una película que vendió a cadenas de televisión de medio mundo como si fuera una filmación de la autopsia practicada en 1947 a uno de los tripulantes del platillo de Roswell. La autenticidad de la cinta fue avalada en España por el ufólogo, y ahora novelista, Javier Sierra. Hace un año, John Humphreys, artífice de los efectos especiales de películas como 'Charlie y la fábrica de chocolate', reconoció haber creado el alienígena de la cinta de Santilli e interpretado a uno de los cirujanos.

Muertes y desapariciones

En julio de 1947, Palmer -que daba crédito a cualquier cosa, pero no prestó la mínima atención a la historia de Roswell- recibió la llamada de dos hombres que se presentaron como guardacostas. Le dijeron que el 21 de junio, tres días antes de la observación de Arnold, habían visto en la isla Maury, en el Estado de Washington, el choque en el cielo de dos platillos volantes. Palmer envió a investigar el caso a Tacoma al propio Arnold, quien se vio desbordado y pidió ayuda al capitán William Davidson y al teniente Frank Brown, los oficiales del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea que le habían interrogado por su avistamiento.

Davidson y Brown hablaron con los dos testigos y llegaron a la conclusión de que eran unos mentirosos. Los hombres les entregaron como prueba de su observación restos que supuestamente habían caído de uno de los platillos. El 1 de agosto, los militares despegaron con rumbo a California en un avión que se estrelló. Días después, varios periódicos recibieron llamadas anónimas en las que les informaban de que la aeronave siniestrada transportaba fragmentos de un ovni.

La investigación oficial concluyó que el accidente se debió a una avería, los trozos del platillos eran vulgares piedras -los dos hombres admitieron el engaño- y Palmer les había sido incitado a la farsa porque necesitaba noticias extraordinarias para su nueva revista. «Toda la historia de isla Maury fue un fraude. El primero, y posiblemente el segundo mejor, y el más sucio de los fraudes de la historia de la ufología», dejó escrito Edward J. Ruppelt, director del Proyecto Libro Azul entre 1952 y 1953, y que ha pasado a la historia de la ufología como un investigador de buena fe.

Al día siguiente del acccidente de Davidson y Brown, un avión de pasajeros desapareció mientras volaba entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Cuando estaba a punto de aterrizar, la torre de control del aeropuerto de la capital chilena recibió el siguiente mensaje: «ETA (tiempo estimado de llegada) Santiago 17.45 horas. Stendec». El aparato nunca llegó a su destino. Familiares del radiotelegrafista de la nave concluyeron que el avión y sus once ocupantes habían sido secuestrados por extraterrestres. Años después, Antonio Ribera, el considerado 'padre de la ufología española', incluyó el suceso entre otros encuentros trágicos con los ovnis, en 'El gran enigma de los platillos volantes' (1966). Sin embargo, los restos del avión fueron encontrados en cerro Tupungato, cerca de Mendoza, a 5.500 metros hace siete años. No habían viajado a otros mundos.

Los platillos volantes aparecieron cuando EE UU acababa de salir de una guerra, y su población y dirigentes miraban al cielo con miedo a un ataque nuclear. Los casos del verano de 1947 -visiones en el cielo, objetos estrellados, desapariciones y accidentes- sentaron las bases del mito. Poco importa hoy que prácticamente todos -la observación de Arnold ha recibido varias posibles explicaciones- se debieran a confusiones o fraudes. Siguen vivos en la literatura ufológica, junto a historias de implantes en abducidos y proyectos de hibridación entre humanos y alienígenas. Sesenta años después del error periodístico de Bill Bequette, hay las mismas pruebas que entonces de que nos visitan extraterrestres. Ninguna.

13 de junio de 2007

Ufólogo promueve construcción de "Ovnipuerto"

Redacción / El Economista
Con información de EFE

San Juan.- El ufólogo Reinaldo Ríos está empeñado en construir un "ovnipuerto" en Puerto Rico, vértice del "Triángulo de las Bermudas" que cuenta ya con el mayor radiotelescopio del mundo para la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Ríos formó parte en 1978 del grupo llamado Estación Universo, que reunía a personas que supuestamente habían sido "contactadas" por seres extraterrestres, y desde entonces trabaja para construir un centro para el estudio de los fenómenos extraterrestres que tenga, incluso, pistas de aterrizaje para OVNIS.


En 1993 comenzó a realizar "campamentos OVNI" mensuales en los que convoca a curiosos y expertos de Puerto Rico y otros países a realizar "vigilias públicas" para registrar con cámaras de fotografía y video posibles apariciones de objetos voladores extraños.

En 2005, Marcos Irizarry, alcalde de Lajas, municipio suroccidental de Puerto Rico donde Ríos asegura que se producen anualmente entre 30 y 40 avistamientos de Objetos Volantes No Identificados (OVNIS) firmó una proclama para declarar el 24 de junio como el Día Nacional para la Investigación de OVNIS.


El terreno donde Ríos espera construir el "Ovnipuerto", que necesitaría de una gran inversión de entidades públicas y privadas, cuenta con un cartel que señala la "Ruta Extraterrestre" del mismo modo que en Roswell, (Nuevo México, EU), hay uno que dice "Carretera extraterrestre".

Ríos explicó a Efe que si en Roswell, comunidad que considera "hermana" donde en 1947 habría caído un OVNI, la legislatura municipal ha dedicado 245,000 dólares para comenzar a construir un parque temático, en Puerto Rico "la opinión pública está dividida" sobre invertir en un "Ovnipuerto".

Ríos, quien sueña con que un día un OVNI se pose sobre la Sierra Bermeja de Lajas, se considera un visionario del mismo modo que "Julio Verne se imaginó los submarinos antes de existir".


Profesor de matemáticas de profesión, el ufólogo insiste en que "hay mucha gente que tiene experiencias individuales (con OVNIS) y no las reportan", y recordó un caso que en 1997 alarmó a la población.

En aquel momento, en varias poblaciones cercanas se vieran varios objetos volantes zigzaguear, se interrumpió la emisión de la cadena local de radio "WBVB" y se produjo un incendio donde ahora pretende construir las pistas de aterrizaje y las autoridades federales impidieron el paso a los policías estatales.

"El misterio se agudiza cuando en la madrugada personas que quieren llegar al área ven a otras personas vestidas de negro", indicó Ríos haciendo referencia a un supuesto cuerpo secreto del gobierno federal encargado de los extraterrestres como aparecen en "comics" y en la saga de películas "Men in Black".


Para los físicos puertorriqueños Joaquín Medín y Rafael Muller, no hay evidencia científica de que se hayan visto OVNIS en Puerto Rico y señalan que muchas veces la gente identifica "relámpagos globulares" que asumen la forma de platillos voladores con luces y movimientos similares a los OVNIS.

Fotografías de aparentes platillos voladores pueden ser producidas por una cámara si se deja el lente abierto por una hora frente a la luna, explican.

Por su parte, Ríos insiste en que el hecho de que se produzcan un alto número de avistamientos en la zona de Lajas se podría deber a que debajo "hay una base subterránea de estos seres", y que por eso el gobierno federal habría instalado allí un aerostato.


La presencia de OVNIS en la región, que diferentes alcaldes han pedido a la Casa Blanca que sea investigada a lo largo de los años, ha estado también relacionada con el llamado "Triángulo de las Bermudas".

Desde 1945, con la desaparición frente a las costas de Florida de la llamada "Patrulla perdida", se ha propagado la leyenda de misteriosas desapariciones que se producen en el triángulo que forman Miami, Bermudas y Puerto Rico.

Las teorías esgrimidas por los amantes de los misterios señalan que en el "Triángulo de las Bermudas" se producen desapariciones de buques y aviones, trastornos de la radio y de los campos magnéticos que se han llegado a atribuir a supuestos OVNIS.


Por otra parte, en el Observatorio de Arecibo (norte), que cuenta con el mayor radiotelescopio del mundo, científicos del Proyecto SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) tratan de descubrir desde hace más de 30 años si existe vida inteligente fuera del planeta.

28 de marzo de 2006

El mito del triángulo de las Bermudas

Por: José Luis Aguilar
Fuente: La Razón

Diversos estudios científicos confirman que el Triángulo de las Bermudas no es más que un mito creado por el hombre. Esa es por lo menos la conclusión a la que llegaron prominentes académicos —incluido un equipo de investigadores de la National Geographic— que estudiaron las supuestas desapariciones de barcos y aviones en el Atlántico Norte, entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida-Estados Unidos). Inclusive el famoso explorador submarino, Jacques Cousteau, no vacilaba en calificar de “leyenda prefabricada” al Triángulo de las Bermudas. “El tan comentado Triángulo de las Bermudas no es tal punto de desapariciones misteriosas —decía—, sino un simple montaje publicitario que radica en el interés de ciertas empresas editoriales por vender libros”.

El estadounidense, Lawrence David Kusche, sostiene que la leyenda del Triángulo de las Bermudas es un misterio manufacturado. “Empezó a causa de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por escritores que, consciente o inconscientemente, se sirvieron de errores, razonamientos incorrectos o simple sensacionalismo. Y tantas veces se repitió el relato que éste empezó a ser envuelto por un aura de verdad”. Kusche, en su libro “El misterio del Triángulo de las Bermudas solucionado”, hace exhaustiva relación de casos citados usualmente como misteriosas desapariciones en la zona. Tras estudiar 33 incidentes registrados entre 1840 y 1973, llegó en 1975 a la conclusión de que la mayoría de los siniestros había sucedido en realidad fuera de la misteriosa zona. Para ello, el investigador analiza acudiendo a fuentes como los registros de Lloyd’s, los informes de la Guardia Costera o los servicios meteorológicos de los Estados Unidos, las reseñas en la prensa de la época y las investigaciones oficiales, entre otros.

Incluso, en un caso memorable, Kusche pudo acudir al testimonio directo de una de las “víctimas” del Triángulo: el aventurero Bill Verity, a quien algunas fuentes daban por desaparecido en 1969 y que se sorprendió mucho cuando el propio Kusche se puso en contacto con él por teléfono para contárselo.

Como comprobó el investigador, la gran mayoría de los naufragios o desapariciones atribuidas al Triángulo fueron reales, aunque casi nunca misteriosas. Para empezar, siendo consistentes con la leyenda descartó un buen número de estas catástrofes, sencillamente porque ocurrieron fuera del Triángulo. En algún caso, incluso, ni siquiera en el mismo mar: el Freya, supuestamente desaparecido en el Triángulo de las Bermudas en 1902, navegaba en realidad por el Océano Pacífico, y el Bella, del que se dice que se desvaneció en el Triángulo en 1854, naufragó antes de abandonar el Atlántico Sur. Con datos de Terra.es, Magona.com y el libro de David Kusche

Escapes de gas submarinos

Richard McIver comenzó a interesarse por el Triángulo de las Bermudas en 1963. Treinta años después, cree que la clave del misterio se encuentra en el fondo del mar, más concretamente, en el subsuelo oceánico.

Geoquímico vinculado a la industria petrolífera, conoce los problemas que ocasionaban los hidratos gaseosos —el gas congelado—. El origen del metano submarino está vinculado a la descomposición de animales y plantas. El gas se cristaliza, debido a la presión y a la baja temperatura, y queda atrapado entre los estratos. Hay depósitos de hidratos en todos los océanos del planeta, incluida la región del Triángulo de las Bermudas, y bajo ellos se encuentra metano en estado gaseoso. Los escapes de gas a alta presión han provocado numerosos accidentes. Experimentos llevados a cabo en el Instituto de Ciencias Oceanográficas de Gran Bretaña han revelado qué ocurre a una embarcación que navega en una mezcla de gas y agua. La piscina permanece tranquila hasta que se produce el escape gaseoso. Entonces, el agua se convierte en un auténtico infierno blanco, la turbulencia atrapa al navío y éste se hunde.

La opinión de otros expertos

“Podemos afirmar categóricamente que las desapariciones (del Triángulo de las Bermudas) se deben normalmente a condiciones meteorológicas severas”, afirma Norman Hooke, de la compañía de seguros Lloyd’s, que añade que ´si se comprueba con detalle´ cada uno de los “misteriosos incidentes” que han conformado la leyenda, se verá que no han ocurrido como dicen algunos escritores.

La experiencia ya la hizo Lawrence Kusche, que llegó a la conclusión de que los estudiosos de lo paranormal no investigan los casos en las fuentes, aderezan los incidentes con imaginativos detalles, localizan las desapariciones donde les viene en gana y hasta ocultan información que podría explicar el accidente.

Respecto a las víctimas de la región, el comandante James Howe cree que “se trata de gente que se mete en problemas debido a las condiciones meteorológicas o por no estar preparados”.

Según Kusche, los expertos en lo paranormal ignoran las manifestaciones de la Lloyd’s y de la Guardia Costera de EEUU. “Todavía hay quien cree que puede navegar entre Miami y Bahamas con un mapa de carreteras”.

La historia del escuadrón

Cinco aviones torpederos TBM Avenger partieron a las 14.10 del 5 de diciembre de 1945 de la base aeronaval de Fort Lauderdale, en Florida. Los aviones, con una tripulación total de catorce hombres, iban a participar en un vuelo de entrenamiento sobre el mar para el adiestramiento de los pilotos en orientación sin instrumental y sin puntos de referencia. Los aviones se perdieron inexplicablemente.

El informe oficial, que ocupa más de 400 páginas, revela que pasaron más de cuatro horas desde la primera llamada de socorro hasta que los aviones cayeron al mar. ´La parte más trágica del incidente —señala Kusche— es que, cuando el teniente Taylor dio el primer parte de su situación, se encontraba, según su declaración posterior, sobrevolando los arrecifes del norte de las Bahamas. ¡El ‘Vuelo 19? se hallaba casi en rumbo correcto cuando los pilotos decidieron que se habían perdido!´. Horas más tarde, los operadores de tierra escucharon por radio cómo alguno de los pilotos decía: ´¡Maldición, si al menos pudiéramos volar hacia el oeste, llegaríamos a casa!´. Ninguno llegó a casa porque ninguno abandonó la formación.

El atlántico norte

Nombre: En 1964, el escritor Vicent H. Gaddis inventó la expresión Triángulo de las Bermudas para referirse a la zona ubicada entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida-EEUU).

Desapariciones: Los registros sobre aviones y barcos perdidos datan del siglo XIX.