23 de noviembre de 2006

Una vida mirando al cielo

Texto: Sandra Balvín
Fotos: B. P.
Algeciras

Gibraltar.- Él lo sabe. Andrés González es muy consciente de que cuando dice que es ufólogo o no le entienden, o le toman por loco o por embaucador. En cualquier caso, no le importa. Después de 67 años estudiando los ovnis (objetos volantes no identificados) tiene muy claro que no quiere convencer a nadie y que lo único que le interesa, por encima de todo, es buscar respuestas a algo en cuya existencia él si cree.

MUSEO. González muestra algunos de los paneles con fotografías y documentos que cuelga en su casa

Su currículum oficial dice que fue militar, primero, y miembro de la Policía Local desde 1955. El currículum extraoficial indica que fue uno de los pioneros de este tipo de investigaciones en España y que ha colaborado, entre otros, con el doctor Jiménez del Oso y con el escritor J. J. Benítez. Sin embargo, para entender la total dedicación de este algecireño es preciso ir por partes.

Entre las nubes

La razón de su interés está en una experiencia que tuvo apenas pasada la adolescencia. González había ingresado en el ejército como voluntario porque quería formar parte de la banda de música. El 7 de junio de 1949 se encontraba en el campamento de la Almoraima con un compañero de Granada, Francisco. González cuenta que cuando Francisco fue a por la comida, a las 20.55 horas, vio su primer ovni.

«Estaba sentado sobre una roca de 185 kilos, sé lo que pesaba porque lo tenía grabado», recuerda, «con el mosquetón con una bala en la recámara». «Entonces veo venir una luz grande como una rueda de camión con una opacidad negra en el centro que a veces se hacía transparente».

En este punto, el ufólogo interrumpe su narración y clava la mirada en el interlocutor, tal vez para escrutar si le cree o no. No en vano, calló la historia durante muchos años porque «si ahora hay escepticismo, entonces podías perder tu trabajo», comenta, «a mí incluso quisieron degradarme».

La historia de su primer avistamiento continúa. La luz avanzó hasta situarse a unos 15 metros sobre él. Asegura que se quedó físicamente bloqueado y que, a pesar de haber «un levante horrible», las nubes estaban paralizadas y los grillos no cantaban. «Sólo había silencio, todo se iluminó de verde esmeralda y la piedra se levantó».

Acto seguido el mosquetón cayó al suelo y se le disparó, quemándole levemente un lado de la cara y el pelo. Se abrió un hueco entre las nubes y el objeto se fue. Francisco no oyó el disparo, pero los relojes de cuerda que ambos llevaban se pararon a las 23.10 horas y nunca volvieron a funcionar. «No bebo, no fumo y nunca he tenido alucinaciones», asegura, «sólo sé que allí me cambiaron todos los esquemas que tenía sobre la vida en sociedad, fui consciente de que había algo más y quería conocerlo».

Método

En sus primeras investigaciones González utilizaba una bicicleta para sus primeros desplazamientos, que posteriormente fue sustituida por un Seiscientos y luego por otros coches mejores. Poco a poco fue haciéndose con material para tratar de tener pruebas de sus afirmaciones y nuevos objetos de estudio.

También recoge testimonios de personas que dicen haber visto objetos volantes. González afirma que es capaz de distinguir quién dice la verdad o quien miente mirándoles a los ojos «porque son ya muchos años».

El investigador también es pintor, por lo que utiliza la información que le proporcionan otras personas para elaborar imágenes de ovnis a modo de retratos robot.

Su método se basa, más que en responder a qué son, en el descarte, tratando de averiguar qué no son. Asevera que, al menos como él lo entiende, no se trata de máquinas construidas por el hombre. ¿Extraterrestres? Es una de sus principales hipótesis. «Sería muy triste creer que estamos solos en el universo, además, saber que hay otros y más inteligentes podría ser una cura de humildad para los humanos, que nos creemos el centro de todo», dice.

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